Karlene, que no podía dormir, se levantó lentamente de la cama y salió de la habitación de Debora. La inquietud la llevó a querer ir otra vez a la cocina, pero esta vez se encontró con Keff, que tampoco podía dormir.
"¿Por qué has salido de la habitación?", la reprendió Keff en voz baja.
"Tengo sed", respondió Karlene, también muy bajito.
"Cuando estás conmigo no tienes tanta sed, señorita. ¿Acaso no viniste antes a la cocina?", indagó Keff.
"¿El señor lo sabe?", preguntó Karlene, sorprendida.