MÍA
—Mientes.
Retrocedo del hombre que me mira con ojos tan fríos como el invierno, no, me niego a creer lo que me está diciendo.
—¿Crees que no me doy cuenta de lo que estás haciendo? —cierro los puños, al tiempo que me quedo casi sin aire—. Me dices esto solo porque quieres que sea tuya, pero sabes una cosa, Basil, jamás lo seré, no importa lo que hagas, lo que digas, lo que intentes, no volveré a tu lado, primero muerta.
Mi pecho sube y baja debido al subidón de adrenalina que siento. Es que