DONOVAN
Emma no sale de mi cabeza, no dejo de pensar en ella, mi polla se pone dura como cemento con solo recordar cómo la follé. La partí en dos y no me arrepiento. Aunque ahora mismo tengo que apartar todo eso de mi mente.
Delante de mí está el sitio que debería ser mío, pero ahora, legalmente, le pertenece a María. Maldita sea la hora en la que metí la polla en ese coño. Bajando, mis hombres me reciben.
—Señor, la señora…
—Aquí no hay señora —espeto con firmeza—. Solo una arpía, de ahora