MÍA
—Hablemos mientras llegamos al aeropuerto.
La voz de Basil parece un frío eco que solo me provoca escalofríos, mis emociones todavía se encuentran a flor de piel, en cuanto me alejé, él no hizo nada por detenerme, de hecho, hubiera preferido que se quedara en el hospital, no decirme nada y poder estar tranquila.
—Lo que sientes no es real y solo le haces daño a nuestro hijo.
Eso me hace mirarlo con odio.
—Jamás haría algo que pudiera dañar a mi hijo.
—Nuestro —me corrige.
Sello mis la