KELLEN
Me congelo.
Todavía no me repongo de la ronda de sexo a la que sometí a la madre de mi hijo, cuando trato de procesar lo que me dice Oliver, mi padre.
—No te quedes callado y quieto —me dice—. Vámonos, ya no tenemos nada que hacer aquí.
Ava no dice nada, se queda congelada, como si estuviera esperando un milagro del cielo. Pero nada la podrá salvar esta vez, no cuando ya están en juego muchas cosas, admito que he estado cometiendo errores constantemente, una y otra vez, que he lastima