"El labial se manchó en el cuello de mi camisa accidentalmente", explicó Earl con mucha paciencia.
La mano que sujetaba la barbilla de la mujer bajó poco a poco y rodeó su delgada cintura.
“Addy, el mes pasado estuve muy ocupado con el trabajo y te descuidé. Es culpa mía y lo siento. ¿Me perdonas?".
En una fracción de segundo, Adina sintió como si hubiera vislumbrado al Duke del pasado.
El que la amaba, la cuidaba, la protegía y la respetaba.
"No es que no te ame, Addy. Es solo que no sé