"¿Todavía no oscurece afuera y ya no puedes controlarte?".
Su tono era burlón, e incluso estaba teñido de un poco de interés y sondeo.
Uno no le hablaría a sus amantes de una forma tan humillante si los amara de verdad.
Sin darse cuenta, el corazón de Adina, que ya se hundía en un pozo sin fondo, sintió una imperceptible punzada de dolor.
Levantó los brazos para apartar el brazo del hombre, se agachó para agarrar dos documentos de la mesita de noche y se los tendió mientras decía: "Firma es