Los labios rojos de Adina se fruncieron.
Levantó la mano y sacó un pañuelo del armario de la entrada. Se acercó y le dijo secamente: "Inclínate un poco".
Earl no sabía qué iba a hacer y se preguntó si esa mujer le iba a secar el sudor.
Curvó los labios fríamente y se inclinó ligeramente.
Adina levantó la mano y le limpió la marca de labial del cuello.
Su voz era indiferente y tranquila. "En el futuro, antes de entrar en casa, es mejor que te revises de pies a cabeza para ver si hay alg