Adina frunció el ceño mientras miraba por la ventana.
Un coche negro se detuvo frente a la villa. Flanqueado por los faros amarillos, una figura alta y erguida se dirigió lentamente hacia ellos.
En el momento en que Adina vio esa figura, no pudo evitar recordar todo lo que sucedió ese día.
Su cara se puso roja al instante.
Menos mal que en la sala solo estaban encendidas las pequeñas luces de colores. La luz era tenue. Incluso Alden, que era el más sensible, no se dio cuenta de su reacci