Elliot le dedicó una sonrisa amable y su mirada se llenó de determinación, voluntades y coraje.
—No tengo miedo —dijo en voz baja con una leve sonrisa.
Estaban dispuestos a sacrificarse por la nación y no se arrepintieron de morirse.
En ese mundo oscuro y gris con el clamor silencioso, la gente corría por todas partes, mientras la policía los detenía sin sentido.
Había armas apuntándoles a los dos, y estaban inmovilizados en el suelo. Sin embargo, no tenían miedo. Se miraron a los ojos c