Capítulo 73. Nueva vida, viejas heridas
—Mira, hermana. Ya puede agarrar mi dedo con muchísima fuerza.
Luca soltó una risita sobre el viejo suelo de madera de la panadería. Aunque apenas tenía catorce años, la mirada con la que observaba al bebé en brazos de Aletta era serena, cargada de un instinto protector.
Aletta, que llevaba un rato amasando en la mesa de la cocina, se permitió girar el rostro y dibujar una leve sonrisa. Habían pasado seis meses desde que decidieron cortar todo vínculo y desaparecer por completo del mapa de la v