KENDRA
No puedo obligarme a calmarme. El pensamiento de que todo de lo que estaba huyendo podría estar alcanzándome pronto hace que mi corazón dé un vuelco.
Cada vez que la puerta se cierra de golpe mientras un nuevo cadete entra caminando al salón de clases, cada raspón del escritorio contra el suelo mientras intentan ponerse cómodos, cada único sonido en el universo casi me obliga a saltar fuera de mi propia piel.
Las preguntas siguen siendo las mismas. ¿Ese idiota se los diría? ¿O no? Gimo e