Aristotle miró a Eric mientras se chupaba los dedos y babeaba. Su pequeño rostro era una imagen de inocencia e ingenuidad, completamente ajeno al sofocante aire de la enfermedad en la sala.
Eric sonrió a Aristotle. "Qué lindo... Desafortunadamente, nunca tendré hijos, y nunca podré verlo crecer".
Arianne respiró hondo cuando sintió que los ojos le ardían por las lágrimas. "No hables así. ¿Y si ocurre un milagro? Te ves bien para mí. Estarás bien. Tienes que mantenerte optimista. Todo mejorará"