Helen era buena ocultando sus emociones, al igual que Arianne. No importa lo triste que estuviera, sería perfectamente capaz de actuar como si nada hubiera pasado. Arianne ya había sollozado hasta convertirse en un charco de lágrimas. Si Helen rompiera a llorar ahora, solo haría la situación aún más triste. Ella solo podía ser la oyente y consoladora.
Esta vez, Helen no se fue tan pronto después de su regreso. Decidió quedarse en el Chalet de Tremont por un tiempo. Arianne la necesitaba ahora.