En medio de risas y animadas conversaciones, el anciano gritó de repente de dolor.
El ruido cesó de golpe y todos miraron en dirección al Viejo.
Luana lo miró con preocupación y preguntó: — ¿No te sientes bien?
Estaba preocupada porque el anciano no se sentía bien, pues había comido demasiado.
Al fin y al cabo, el viejo ya había sufrido un derrame antes, y el exceso de trabajo en su juventud lo había dejado con una serie de problemas de salud.
No debería haber comido tanta comida grasosa, pero