El estudio permaneció inquietantemente silencioso mucho después de que la llamada terminó. El último sonido de la voz asustada de Rose permanecía en la habitación como un fantasma, negándose a desvanecerse.
Nadie habló. Nadie se movió. Incluso el tic-tac del reloj en la pared parecía inusualmente fuerte.
Liam estaba de pie junto a su escritorio con su teléfono apretado firmemente en su mano. Su rostro no revelaba nada, sin embargo, aquellos que lo conocían bien entendían que su silencio era muc