Punto de vista de Annalise
La vista que tengo delante me arraiga hasta el lugar.
Alaric estaba de pie en el centro de la corte, con la camisa rota y medio empapada de sangre, su espada brillaba en carmesí bajo los ejes apagados de la luz de la mañana.
A sus pies yacía un hombre ensangrentado, más muñeco de trapo que hombre... jadeando y temblando de dolor. Su cuerpo estaba maltratado, su carne se abrió por cortes, pero no fue la vista de la sangre lo que hizo que la habitación zumbara de miedo.