Me incorporo de un salto en la cama, un grito atrapado en mi garganta, mi corazón golpeando contra mi caja torácica. Mis ojos recorren la habitación, tomando nota de los alrededores desconocidos, y mi sangre se convierte en hielo en mis venas. La decoración genérica e impersonal de una habitación de hotel me saluda, confirmando mis peores temores. Lágrimas calientes me pican los ojos, nublando mi visión mientras dejo caer la cabeza entre mis manos, respirando con jadeos entrecortados.
Pero ento