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Mi madre cuelga la llamada y, una vez más, una ola de ansiedad me domina. Sienna va a venir hasta aquí. Después de dos días sin verla, por fin voy a reencontrarla. Intento controlarme y centrarme en lo que importa ahora: mis hijos.
Parece una eternidad hasta que Sienna cruza la sala al lado de mi madre. Me tenso en el mismo instante, trago saliva, y mi corazón se acelera sin control cuando su mirada encuentra la mía — solo por un instante — antes de desviarse, tan rápido como llegó.
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