ARDIAN
Despertar fue como salir de un profundo sueño del que no estaba seguro de querer escapar. La oscuridad me envolvía como una manta pesada, y mi mente estaba aturdida por los ecos de lo que había ocurrido. Recordaba el momento en que vi a Dax besando a Leni. La rabia había estallado en mí, y la imagen se repetía una y otra vez como una película en bucle. Una vez que estábamos de vuelta en el mismo sitio, no pude evitar estallar.
—¡Eres un traidor! —le grité, sin pensar en las consecuencia