DAX
La noche había caído sobre el castillo, cubriendo sus muros de piedra con una sombra profunda y ominosa. Desde una de las torres, donde el viento aullaba como un lamento ancestral, contemplaba el paisaje oscuro que se extendía más allá de las murallas.
Mi mente estaba tan agitada como el cielo estrellado, y la única certeza que tenía era que amaba a Leni con una intensidad que me consumía. La idea de dejarla en manos de Ardian, un ser que había demostrado ser tan manipulador como peligro