LENI
Me encontraba sentada en el borde de mi cama, sintiendo la suavidad de las sábanas contra mi piel, pero sin poder concentrarme en nada más que en el vientre que comenzaría a abultar levemente en unas semanas.
Era un milagro y, al mismo tiempo, una condena. No podía creer que estaba embarazada de Ardian. La noticia se había desbordado como un torrente en mi mente, aplastando cualquier rayo de esperanza que pudiera haber tenido de libertad. La imagen de mi padre resonaba en mi cabeza, su