LENI
La cueva era oscura y fría, un refugio que me había ofrecido protección, pero que al mismo tiempo se sentía como una prisión. Las paredes de piedra eran ásperas y húmedas, y el eco de mis propios pensamientos resonaba en el interior, amplificando la soledad que me invadía. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de mi bebé aparecía ante mí, su pequeño rostro y esos ojos que tanto amaba. La tristeza me envolvía como un manto pesado, y no podía evitar sentirme vacía sin su presencia.
—¿Qu