Todo sucedió muy rápido. Primero estaba retorciéndome debajo de él y, cuando me di cuenta, sus colmillos se hundían en mi cuello y me mordían.
Grito de dolor, los colmillos se hunden aún más y me causan aún más dolor. Él se detiene y comienza a lamer la zona que me ha mordido, y el placer recorre mi cuerpo como oleadas de electricidad. Me hace sentir embriagada.
«Mía», gruñe, frotando su nariz contra la mía.
¡Por Dios bendito! Me acaba de marcar mientras estamos bañados en sangre y cubiertos