Para Liz esas habían sido las palabras más lindas que jamás había escuchado, nunca un hombre le había dicho de verdad que la amaba y menos Roman que sólo la uso, y en el momento en que Arthur lo olvidó todo se acercó a Liz para ese beso que ambos habían soñado tantas veces y que sabían que ya no habría más distancia entre ellos, cuando el corazón de Liz latía a mil y él la tenía pegada a su cuerpo lo suficiente como para sentirla incluso temblar, en ese momento Liz cerró sus ojos sabía que por