Después de veinte minutos no pude soportarlo más y me importó un carajo si eso la iba a enfurecer.
—¿Elara? ¿Qué está pasando? ¿Me escuchas?
Silencio. Esperé una respiración, luego otra.
—¡Elara! —Hice todo lo posible por mantener el pánico fuera de mi voz.
—¡¿Qué?! Estamos en medio de algo mientras ustedes tres se quedan parados sin hacer nada. Esta mierda no es fácil y su ayuda se agradecería, pero a ninguno le importa acercarse a ayudar.
—¿De qué hablas? No podemos llegar hasta ustedes. Desde