«¡Maldito yerno!», maldijo Miranda después de que su asistente personal la dejara sola.
Estaba furiosa por haber sido abandonada a su suerte después de que el Alfa Darren obtuviera la información que quería.
Menos mal que su asistente personal la encontró, porque de lo contrario se habría quedado allí para siempre.
Aún tambaleándose, intentó caminar. «Ven conmigo a ver a Diana».
«Lo siento, señora, pero su hija está en el hospital y bajo fuerte vigilancia. No estoy segura de que le dejen entrar