Las lágrimas de Diana finalmente brotaron. Quería marcharse de inmediato, pero no podía; su cuerpo no le respondía. Tenía las piernas y los brazos entumecidos, y parecía que tenía los pulmones llenos de agua, por lo que no podía gritar.
Este incidente le recordó aquella vez que la secuestraron.
Mientras tanto, el hombre misterioso no dejaba de gritarle a Diana que se bajara. Incluso rayó el parabrisas con un cuchillo, haciendo un ruido espeluznante.
Diana ahora esperaba que alguien la viera y e