Los golpes en la puerta comenzaron a escucharse, mientras yo me deslizar en la puerta. No quería entregarle ello. Incluso, sin mi anillo de bodas, sentía que algo le faltaba a mi mano y ni hablar de ese hermoso detalle que me había dado cuando no quería bajarme del árbol el día de nuestra boda.
Peor, no podía fingir que no me dolía y que iba a esperarlo, cuando él me dejaba ahora que estaba luchando por nuestros hijos. Pensando en todo, menos en él, intenté calmar el dolor en mi pecho, pero, su