Marcus reapareció en la cocina exactamente a las dos, lo cual empezaba a sospechar que no era tanto una coincidencia como un rasgo de personalidad. El hombre parecía constitucionalmente incapaz de entregar información a cualquier hora que no fuera precisamente según algún horario invisible que solo él podía ver.
—Confirmado —dijo, y Dani, aún sentada a la mesa con lo que quedaba del pan de canela, gimió audiblemente.
—Si dices esa palabra una vez más hoy, te haré una camiseta y te obligaré a po