-Leinad Grossver-
Sus ojos me observaron, miré duda, temor, deseo, y posiblemente los sentimientos más puros y hermosos de los que jamás, hubiese sido testigo.
Sin decir una sola palabra entramos a la primer tienda de ropa.
—Solo no gastes miles de dólares en un vestido— advirtió algo fastidiada.
—Gasto miles de dólares en cosas que me importan— Vi que apretó sus manos. Amaba jugar así con ella.
—Así que no te sorprendas si gasto un millón de dólares en tu vestido— Reí adelantando el paso.
«Oh