Me ves ligera, pero te será más que difícil levantarme.
—Ana, Ana— alguien susurra mi nombre pero soy incapaz de moverme, hay un miedo enorme que se extiende por todos mis huesos. Me hago bolita con mi propio cuerpo y sé de ante mano que el material debajo de mi es pasto, puedo sentirlo, puedo olerlo. No reconozco la voz que me llama y tampoco es como si quiera ponerle atención.
—Ana, capullo— vuelvo a oírla y está vez mi corazón late más deprisa, la voz, su voz, los recuerdos se abren paso en