Después de que les sacaron sangre, la enfermera les presionó algodón en el brazo. Allison sostuvo el suyo con cuidado, obediente, y al levantar la vista vio a Jareth apartar el suyo, bajándose la manga aunque la herida seguía sangrando.
Frunció el ceño. —Sujétalo un poco más.
—No hace falta. Es molesto. —Tenía que usar el bastón y no quería complicarse. Además, la sangre se detendría sola.
—Entonces al menos espera un poco antes de irnos. Ya esperaste afuera antes. ¿Qué prisa tienes ahora? —All