A la mañana siguiente Helena se levantó temprano y trató de hacer el menor ruido posible para que Damián no se despertara y pudiera descansar más, se dio una ducha y fue a su habitación a vestirse y prepararse para ir a la oficina, ni siquiera desayunó, solo tomó una manzana y una naranja y subió a una camioneta que era conducida por un trabajador de la Hacienda y la llevaría primero a la plaza donde el día anterior dejó la suya.
A media mañana escuchó la puerta de Damián azotarse y eligió no d