El estudio había adquirido, a lo largo del invierno, la cualidad específica de una habitación que había dejado de pertenecer a un contrato y había comenzado a pertenecer a una vida.
Elara se dio cuenta de esto una mañana de miércoles, de la manera particular en que notaba la mayoría de las cosas ahora, de reojo, mientras hacía otra cosa; la observación llegaba como un subproducto de la atención y no como su objeto. Estaba buscando una engrapadora. La encontró en el cajón del segundo escritorio,