Intentó verla una vez más, cerca del final.
Sucedió un jueves ordinario, en la sede del Grupo Gebrano, donde Elara pasaba ahora tres días completos a la semana supervisando las operaciones que, a lo largo del último año, había ido remodelando gradualmente hasta convertirlas en algo más parecido a lo que su madre habría reconocido. Seguridad le informó, a media tarde, que Pablo Miller estaba en el vestíbulo, sin cita, pidiendo verla.
—¿Lo hacemos retirar? —preguntó el jefe de seguridad del edific