Bayan llegó sin escolta, lo cual era ya de por sí el primer dato de información.
Katlya estaba en la pequeña sala de estar junto a su estudio, la que tenía la buena luz de la tarde y el sillón que Lou había acolchado específicamente para el noveno mes, cuando se escuchó el golpe en la puerta: suave, pausado, completamente distinto al anuncio formal que solía preceder a la llegada de una Anciana.
Levantó la vista.
Bayan estaba sola en el umbral de la puerta, sin Badmus, sin ningún registrador, s