Nicole y Eric, los únicos que quedaban, estaban separados por unos quinze pies. Tan pronto como sus ojos se encontraron, los dos levantaron simultáneamente el arma en sus manos.
Bang, bang… Dos disparos.
Era solo el sonido.
El viento aullaba.
Nadie fue impactado.
Nicole se agachó y rodó detrás del grueso tronco del árbol, jadeando para respirar.
Eric rodó rápidamente sobre la hierba.
Él fue más rápido. Antes de que Nicole pudiera respirar, él aprovechó la situación, y en el momento en que