Cap. 42 El sueño de un sueño
Fortuna estaba junto a Matt y las lágrimas corrían por su rostro.
—¡Matt! ¡Por Dios, Matt!
Él se quejó y apenas podía moverse por el dolor que sentía en su pecho.
—¡Dios mío, Matt, no me dejes!
Gordon se acercó a él y lo revisó, entonces dijo complacido:
—Me alegra que el chaleco antibalas le haya servido.
—Pero duele mucho.
Fortuna le pegó en el rostro molesta.
—¡Creí que estabas muerto!
Elisa estaba siendo cubierta con una sábana, le habían disparado para aplacar su locura.
Fortuna m