Cap. 26 En casa
Fortuna intentó hacerla sentir solo un poco mejor.

—Claro, de cierta manera, estaba muerta, sin memoria. Caminando descalza por los pueblos, hurgando en la basura para poder comer algo, teniendo miedo de todos a mi alrededor, ocultándome de los hombres atrevidos.

Vista las cosas, así se escuchaba cruel y despiadado todo. Elisa entonces intentó paliar el asunto:

—Y ahora estás aquí, amiga, viva, fuerte, viva.

—Rica —recalcó Fortuna.

—Sí, eso…

—Tienes que tomar en cuenta que hasta hace unos
La Pluma

Ahora la dueña vuelve a su casa y a su esposo, Elisa qué harás.

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