Capítulo 2

Ava Janssen

Londres

—Todo pasó tan rápido, no me di cuenta, Ava, yo, no lo pensé.

— ¿Mientras tú me engañabas, sabes que pensaba yo, grandísimo estúpido? Que era la única en tu vida, que nunca me podrias engañar,  y lo más estúpido de todo esto, pensaba, que valia algo para ti.

Estaba enojada y cuando lo estaba mi vocabulario podía ser el más hiriente y brutal de todos y no me importaba, pocas personas sabían que mi mal humor podía cambiar en fracciones de segundos si algo no me parecía o si las actitudes de las personas estaban rebasando el límite de mi paciencia y en estos momentos estaba a punto de estallar.

—Me importas y te amo, Ava.

Sus lágrimas no dejaron de correr por sus mejillas. Sequé las mías con rabia, porque no se merecía ni una de ellas, nadie se merecía que lloraran por ellos. Era un hipócrita al decir que me amaba, era una vil mentira, pero esto se acabó, ni una lágrima más.

— ¡Si me amas! como es que te marchas, explícame eso ¿Cómo puedes decirlo y hacer una cosa diferente?

Le doy una bofetada y su rostro se hace hacia el lado contrario, empiezo a golpearlo en el pecho y mi fuerza es tal que se mueve del sitio donde se encontraba parado, toma mis brazos y los pone a un lado evitando que siga golpeándolo, quiero partirle la cara, de mi nadie se iba a burlar y menos alguien que decía amarme.

—Lo siento, amor.

—No digas que lo sientes, llegas a hacer tu maleta y me dices que tienes un amorío con otra, ¡No lo sientes maldito! ¡No sientes nada!

Mis gritos se escuchan por toda la habitación, estoy histérica, nuestra casa queda retirada de las de nuestros vecinos aun así no me importa si llegasen a escuchar nuestra pelea, espero que alguien escuche y se dé cuenta de la clase de calaña con la que me casé, de la escoria rastrera.

—No era mi intención lastimarte, Ava, lo siento tanto.

— ¡Suéltame m*****a sea, Bruno Cobbs, suéltame!

Me lleva contra su pecho y me abraza, cuando ve que ya me he calmado se sienta conmigo en la cama, se lleva las manos a la cara y se las pasa por su pelo. Quisiera abrazarlo y pedirle que no me deje, que lo volvamos a intentar, que seamos la pareja que antes éramos, pero de mi boca salen otras palabras.

— ¿En verdad la amas?

Su respuesta será el fin de nuestros días, eso lo tengo por seguro, porque no va a haber vuelta atrás, si se va, que se vaya para siempre, la puerta está abierta y cuando salgo por ella, no me volverá a ver nunca más en su vida, soy capaz de cambiar de nombre si es necesario.

—Sí.

— ¿Quién es?

Pregunto, se queda callado y me dispongo a golpearlo de nuevo, es que me hierve la sangre, fui una tonta, me vieron la cara y no se lo voy a perdonar nunca.

—Ahora no es importante.

—Tengo el derecho de saberlo.

—Charlotte Hamilton.

— ¿La hermana de tu mejor amigo?

—Así es.

— ¿Desde cuándo?

—Tres meses.

—Genial.

Tres meses es mucho tiempo, nunca sospeché que me podría estar engañando, las visitas a casa de su amigo Marcelo, eran una costumbre desde la universidad, es más, Marcelo venia también a la casa, pasaban el día hablando de sus respectivas ocupaciones, tomando cerveza y viendo algún programa de televisión, jamás se me hubiera pasado por la cabeza algo así, cómo podría sospechar siquiera en algo parecido.

—Nunca debí confiar en ti.

—Lo siento de verdad, Ava, lo siento mucho.

—Lárgate y que sea para siempre, no te quiero volver a ver en mi vida

Y ahora si toma su maleta y sale por la puerta de la habitación, llevándose con él todos mis sueños, todo mi amor y todas las ganas de formar una familia con él. Me deja sola con tantas ganas de romperle la cara a mucha gente, empezando por él mismo, pero dejo que se marche, no voy a arrastrar por el piso mi dignidad. No le iba a rogar a nadie y mucho menos a alguien que había jurado amarme y me había sido infiel.

Me había roto el corazón y pisoteado de la manera más vil. Me había traicionado y no solo una vez, llevaba meses con ella, con la hermana de su mejor amigo, malditos fueran todos. Me da tanta impotencia, que no sé cómo describirlo. Cómo echas siete años de tu vida a la basura, como entierras este dolor que te taladra hasta los huesos, cómo le dices a tu corazón que el amor de tu vida se va para siempre, que llena sus maletas para no volver, ¿alguien me puede decir cómo se hace?

No me derrumbo, soy más fuerte que eso. Empezaré una nueva vida, si era preciso cambiaré de ciudad, de país, de continente, donde nadie me conociera y poder entablar amistad con personas nuevas, sin que supieran por lo que estaba pasando. Ya tenía todo calculado, dejaría la empresa de Bruno y buscaría otro trabajo, no eran las únicas empresas que necesitaban a una secretaria ejecutiva con estudios de primer nivel.

Quito los anillos de mi dedo, esos ya me sirven, ya no significan nada para mí, conforme me los voy quitando camino hacia la caja fuerte, tecleo el número de seguridad, la abro y los deposito en el lugar, te devuelvo tus promesas.

Tomo el móvil y hago una llamada, la que nuca pensé que haría, me tiemblan las manos y mi corazón retumba en el pecho, me siento al borde del colapso, mis padres se van a enterar cuando ya haya firmado el acta de divorcio, no hay vuelta atrás. Reúno todo el valor y oprimo el botón de llamada.

—Hola.

—Hola, Ava ¿cómo estás?

Evito entrar en detalles, ya a estas alturas no importan, de cómo fueron las cosas y de quién lo provocó, me ahorro el saludo formal.

—Harold, necesito que redactes una demanda de divorcio.

— ¿A nombre de quién?

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