Eryx DeCostello
New York
Nos quedamos mirando y nos volvimos a besar, yo no estaba del todo satisfecho, pero no podía estar esforzando a mi mujer como antes lo hacíamos, y aunque ella me dijera que las hormonas la traían loca, yo pensaba en el bienestar de nuestra hija, yo la protegía desde antes de su nacimiento, era uno de mis tesoros más preciados.
–Fue maravilloso, mi amor, me hiciste llegar a las nubes.
Me dijo Ava, bostezando, aunque yo sabía que no se iba a dormir, era demasiado temprano