Todo apunta a… no quiero creerlo
Todo se estaba desmoronando.
En el momento en que las puertas de mi habitación se cerraron detrás de mí, desapareció toda sonrisa que había mostrado ante la multitud. La rabia surgió dentro de mí como un incendio forestal y, antes de poder contenerme, pasé el brazo por encima de la mesa que estaba a mi lado. Las copas de cristal cayeron contra el suelo, haciéndose añicos en incontables fragmentos brillantes, mientras que unos momentos después un jarrón bellament