La sala del tribunal enmudeció, el aire espeso de tensión, mientras los labios de Cathleen se curvaban en una sonrisa burlona de complicidad. Atravesó a Anastasia con su mirada, inflexible y tan afilada como un bisturí. —Señorita Brown, me gustaría que repita su declaración,— exigió, su voz cortando los susurros que habían comenzado a arremolinarse como buitres sobre una carroña.
La voz de Anastasia tembló, sus ojos deambulando en busca de una salida que no existía. —Dije que no sé. No recuerdo