(POV: Emelia)
Ni yo misma sabía por qué, esa noche, había deseado tan intensamente el contacto y el calor de Samuel. Sobre todo si se tiene en cuenta que, durante los nueve meses de mi segundo embarazo, no había podido estar cerca de él en absoluto. De hecho, cada vez que Samuel se atrevía a acercarse, la cabeza me empezaba a dar vueltas de inmediato y el estómago se me revolvía con violentas náuseas.
Pero esa noche, el muro hormonal que había atormentado a mi esposo durante meses pareció desmo