CAPÍTULO 37: PROFESIONAL
—Esto tiene que ser una jodida broma del destino. Es así. No le encuentro otra explicación.
Camino de un lado a otro como si con eso pudiese solucionar algo. Agradezco que mi hija tenga el sueño pesado, de otro modo ya se hubiera despertado con mis gritos y gruñidos. Kendra me mira con una expresión que no sabría describir, creo que quiere reírse de mí, pero entiende la gravedad de la situación y se contiene.
—¿Por qué aceptaste? No debiste decirle que sí.
—¿Y qué más