Jane se acercó a Hendrik, que aún estaba de pie mirando la puerta recién cerrada que se llevaba a la mujer, a la que Hendrik consideraba desvergonzada.
Jane tocó la mano de Hendrik, que aún estaba apretada, mostrando lo emocionado que estaba.
El toque de la mano de Jane sacó a Hendrik de su trance emocional, causado por su enfado con su subordinado.
Sentía la necesidad de reemplazar a su subordinado, que no era competente en su trabajo.
No podían manejar ni siquiera a una mujer. Hasta podían pe