33. Sorpresa
Si tuviese que elegir no estaría llevando esta bendita venda de ojos, me tiene loca, quiero saber qué está pasando, a dónde me está llevando y tengo un hambre que me comería una vaca entera. Pero no puedo reclamar, aunque, ¿por qué no? Creo que tengo la suficiente confianza como para hablar con él, bueno, ya, veamos.
—¿Ya estamos llegando? No entiendo porque me tienes que vendar los ojos si estamos en el auto.
No pude escuchar su voz pero si su risa, suave y tan bonita que me dio ganas de sacar