Capítulo ochenta y dos: Acto y consecuencia
“Narra Harry Mascherano”
La mato. La mato, la mato, la mato. ¡Malditą sea! La entrepierna me duele como un demonio. Y tengo tantas ganas de matarla con mis propias manos como de colocarla en un pedestal y besarle hasta el último espacio de piel en su cuerpo.
A las malas, siempre a las malas.
Me meto bajo la ducha helada, pero no se me baja la malditą erección.
'¡La hija de puta de su madre que la creó!'
Termino haciendo exactamente lo que la malditą