“Dave,” dijo. Su voz era muy firme. “¿Estás bien?”
“Sí,” dijo. “Liam se disculpó. La señora Okafor lo hizo disculparse. Pero igual hubiera estado bien.”
Le creyó.
“Ven aquí,” dijo.
Se levantó y rodeó la mesa y ella lo rodeó con los brazos y lo sostuvo de la manera en que lo había sostenido duran